martes, julio 14, 2009

Contratiempos


Hablar de esperanzas en un momento de la historia donde los hombres son casi exclusivos protagonistas de su propio destino termina convirtiéndose en una necesidad más que imperiosa, sobre todo porque la apelación a cuestiones metafísicas viene a reemplazar a aquellas imposibilidades de índole material, las cuales, al parecer, y según las evidencias, terminan dictaminando y consagrando la victoria del más fuerte.

Ahora bien: nadie dice que tener expectativas, alimentar las ilusiones, ejercitar la confianza y demás mociones afines sean únicamente parte de un aparato psicológico e ingenuo en favor de los más perjudicados.

Lo que sí conviene considerar es que lo noble y legítimo de esas pretensiones chocan y pierden, indefectiblemente, contra el inevitable transcurrir del tiempo.

Así las cosas, que cada vez sean más urgentes e imperiosas las necesidades resulta tan cierto como sostener que para todos la vida va pasando y que al ser menos jóvenes que ayer se nos pierde en el presente una oportunidad única que, si alguna vez nos acontece, quizás ya no podamos disfrutar.

Lo triste, en todo caso, no será acudir tarde a la cita; sino algo mucho peor y lamentable, que sería el hecho de no haber podido, ni sabido, ni intentado llegar nunca.

lunes, julio 13, 2009

Cambalache

Resulta incómodo y hasta molesto escuchar continuamente a las personas mayores difundiendo, no sin rechazo, queja, arrogancia, ni mero oportunismo, la idea consagrada y pocas veces cuestionada de que todo tiempo pasado fue mejor, como si el mundo vivido anteriormente fuera susceptible de máximo deseo y en la actualidad ya no hubiera posibilidades de alcanzar mejores condiciones de existencia.

No obstante, más repudiable resulta ser la vana certeza de que a aquellas voces gastadas por el riguroso trajinar del tiempo no haya, siquiera, maneras de refutarlas.

viernes, julio 10, 2009

Encierros


No descubriría nada si dijera que, hace no tan lejano tiempo, admiré especialmente la sabia paciencia con que algunas personas, abstrayéndose de las penumbras donde tienen lugar los forcejeos y las quejas en los subterráneos, disponíanse a leer apasionadamente libros de lomo más bien grueso, mientras de estación en estación la vida pasaba como un rayo que, lejos de detenerse, jugaba perversamente a atravesar la impávida línea de supervivencia de quienes se encontraban sometidos a los improperios de la inmediatez.

Con el tiempo he llegado a comprender que, mientras me preocupaba por no pasarme de la estación donde oportunamente debía bajarme y de sobrevivir a la asfixia de una superpuesta multitud, esa gente a quien yo admiraba en verdad no iba a ningún lado, sino que, simplemente, estaba. Allí permanecía, de ida y de vuelta, en un continuo viaje, calentando un banco o colgando de las barandas con el único propósito de encontrar algún hallazgo que, quién sabe cuándo, le devolviera las ganas de salir nuevamente al sol.

Queda por decir que, apurado como siempre estoy, ni siquiera me he atrevido a comprobarlo, porque el solo hecho de intentarlo implicaría, necesariamente, una renuncia que no estoy dispuesto a asumir de nuevo, y la misma no es otra cosa más que resignar gran parte de mis días subsumido al rigor de las tinieblas, algo de lo cual, permítanme decirlo, criteriosamente me arrepiento.

martes, julio 07, 2009

Gris


Los pasos se desdibujan
en una tensa superficie
clara y húmeda,
ambigua y sorda,
fría y lejana,
pero más que nada:
débil-ausente.

Supo que la espera por fin culminaría
cuando las ansias decretaran
su propia y absoluta desaparición.

La pesadilla, por cierto recurrente,
traía consigo la indisimulable forma
de un sustrato conocido:
aquél que,
en los intersticios de la duda,
percatábase de introducir
aborrecibles y plenas certezas.

jueves, julio 02, 2009

Anticuerpos


No hay nadie en las calles. La gente está en permanente alerta, muy paraonica. Los medios fomentan la neurosis, el gobierno nunca ha dejado de mostrarse oportunista. Algunos se contagian, otros mueren, el resto tiene miedo y no son pocos los que manifiestan su preocupación a viva voz.

Cuánta locura y cuánta contradicción. Quizás el virus más temible sea el de la ignorancia, porque hasta es capaz de propagarse en todos.

Así las cosas, ante tanto avasallamiento y recomendaciones a modo de amenaza, nunca imaginé que el mejor anticuerpo para estos tiempos sería la soledad.