Contratiempos
Hablar de esperanzas en un momento de la historia donde los hombres son casi exclusivos protagonistas de su propio destino termina convirtiéndose en una necesidad más que imperiosa, sobre todo porque la apelación a cuestiones metafísicas viene a reemplazar a aquellas imposibilidades de índole material, las cuales, al parecer, y según las evidencias, terminan dictaminando y consagrando la victoria del más fuerte.
Ahora bien: nadie dice que tener expectativas, alimentar las ilusiones, ejercitar la confianza y demás mociones afines sean únicamente parte de un aparato psicológico e ingenuo en favor de los más perjudicados.
Lo que sí conviene considerar es que lo noble y legítimo de esas pretensiones chocan y pierden, indefectiblemente, contra el inevitable transcurrir del tiempo.
Así las cosas, que cada vez sean más urgentes e imperiosas las necesidades resulta tan cierto como sostener que para todos la vida va pasando y que al ser menos jóvenes que ayer se nos pierde en el presente una oportunidad única que, si alguna vez nos acontece, quizás ya no podamos disfrutar.
Lo triste, en todo caso, no será acudir tarde a la cita; sino algo mucho peor y lamentable, que sería el hecho de no haber podido, ni sabido, ni intentado llegar nunca.






